sábado, 26 de marzo de 2011

LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Los tratados de paz que dieron fin a la Primera Guerra Mundial no dejaron contento a nadie. Los veinte años posteriores a dicha contienda están llenos de luchas económicas, sociales y políticas, na­cionales e internacionales. Destacan, por una parte, las contradicciones entre las potencias de Europa Occidental, Japón y Estados Unidos, por mantener su situación privilegiada o por lograr un nuevo reparto del mundo y, por otra, la hostilidad de todo el mundo capitalista contra la Unión Soviética y las tendencias socialistas. A partir de 1933, con el ascenso del nazismo al poder en Alemania, se agudizan los enfrenta-mientos y la formación de los bloques, hasta que estalla el conflicto armado. En la primera fase de éste, de 1939 a 1941, Alemania conquista casi todo el continente europeo; la Unión Soviética, que había temido ser atacada sola por Alemania y sus aliados, había firmado un tratado de no agresión con ella, que le permite disponer de dos años de preparación. El período de junio a diciembre de 1941 se caracteriza por el ataque alemán a Rusia, y el que se inicia en diciembre de 1941, significa la extensión del conflicto a todo el mundo, con el ataque japonés a Estados Unidos. La cuarta fase, que abarca desde el invierno de 1942/43 hasta junio de 1944, marca la destrucción de la fuerza central del ejército alemán: se inicia con la batalla de Stalingrado y termina antes del desembarco aliado en Francia. La quinta empieza con dicha invasión y concluye con la rendición de Alemania (mayo de 1945) y la sexta y última va de este momento hasta la derrota de Japón (septiembre de 1945).

Primera fase. Alemania domina a Europa Central y Occidental. (IX/1939 - VI/1941)
El ataque alemán destruye rápidamente al ejército polaco, débil y mal equipado. Únicamente la ciudad de Varsovia ofrece una heroica resistencia popular de cierta duración. Inglaterra y Francia, cumplien­do sus compromisos previos, declaran la guerra a Alemania, pero, a pesar de que en conjunto sus fuerzas son prácticamente iguales a las del agresor (salvo en la aviación), no realizan ninguna acción efec­tiva.
La Unión Soviética ocupa las zonas orientales de Polonia (habi­tadas por poblaciones ucranianas y bielorrusas, incorporadas a Polonia en 1921). Con el fin de dificultar un ataque a Leningrado, que se encuentra a tiro de cañón de la frontera finlandesa, ofrece a este país, en el que hay fuerte influencia alemana, un canje de territorios. Finlandia rechaza, y la Unión Soviética le declara la guerra. Inglaterra y Francia, que no habían prestado apoyo real a Polonia, preparan una expedición en auxilio de Finlandia. Rusia incrementa sus actividades contra este país, lo derrota y lo obliga a la modificación de fronteras previamente exigida. Finlandia, posteriormente, entrará a la guerra contra la Unión Soviética, del lado de Alemania.

En los primeros meses de 1940, Alemania, violando.la neutralidad de estos países, ocupa Dinamarca y Noruega, para tener un mayor dominio sobre el Mar del Norte.
En mayo del mismo año invade a las neutrales Bélgica y Holanda, y penetra en Francia, que se rinde en junio. El mariscal Pétain toma en sus manos el gobierno de la zona no ocupada, colaborando con el invasor, mientras el general Charles de Gaulle proclama la continua­ción de la lucha, desde Londres; desde los primeros momentos de la ocupación alemana, se organiza una fuerte resistencia popular. Italia entra a la guerra, del lado nazi, poco antes de que Francia solicite el armisticio.

Alemania lanza una serie de ataques aéreos devastadores contra Inglaterra, pero no logra obligarla a rendirse. Destaca la resistencia heroica de la aviación de caza británica. Al año siguiente vuela a In­glaterra el lugarteniente de Hitler, Hess; el gobierno alemán declara que se trata de un acto de locura, pero todo indica que el funcionario germano tenía la misión de someter al gobierno británico un plan para lograr el apoyo, o cuando menos la neutralidad, de Inglaterra para la ya cercana lucha de Alemania contra Rusia.
Los Estados Unidos, todavía neutrales, ven que la derrota de In­glaterra los afectaría gravemente; paso a paso empiezan a apoyarla, aprovechando al mismo tiempo para extender su esfera de influencia. Obtienen de Gran Bretaña la entrega de varias bases en América, a cambio de facilitarle armamento. Japón, con el consentimiento de las autoridades francesas de Pétain, ocupa Indochina.

Italia, que anteriormente se había apoderado de Albania, acomete a Grecia pero es detenida por los griegos. Posteriormente, Alemania ocupa a Yugoslavia donde estalla la lucha de guerrillas bajo la direc­ción de Tito, derrota los griegos y ocupa también la isla de Creta, por medio de paracaidistas. En distintas formas logra dominar a los países balcánicos, y- se prepara para atacar a la Unión Soviética, con un frente que abarca desde Finlandia hasta la frontera con Turquía.

Segunda fase. Alemania ataca a la Unión Soviética, (VI-XII / 1941)
En junio de 1941, usando el 80 por ciento de su ejército y contando con el apoyo, más o menos forzado, de todo el continente europeo ocupado, Alemania viola el tratado de no agresión y ataca a la Unión Soviética. Cuenta con la ventaja de la sorpresa, y logra acercarse en duras batallas a las principales ciudades de la Rusia europea; pone sitio a Leningrado, que queda casi totalmente aislada y cuya población soporta bombardeos constantes y grave escasez de víveres, llega cerca de Moscú y penetra hondamente en el sur. Sin embargo, el Ejército Rojo logra frenar y después detener la ofensiva alemana y trasladar gran parte de la industria soviética al centro y al este de su país. Más tarde recibe alguna ayuda en armamento de los Estados Unidos, y también de Inglaterra.

En agosto de 1941 se reúnen Churchill, Primer Ministro de la Gran Bretaña, y Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos; elaboran una declaración acerca de los objetivos que sus países persiguen en la gue­rra, que se conoce como la "Carta del Atlántico". En sus plantea­mientos generales tiene mucho parecido con los 14 puntos proclamados por Wilson; insiste en los derechos de autodeterminación de los pue­blos, en la libertad individual y en la libertad de comercio. Este último punto facilitaría, evidentemente, la expansión económica del país más fuerte industrialmente, o sea, de los Estados Unidos. La mayoría de los países que luchan contra Alemania se adhiere a esta declaración.

Tercera fase. El ataque japonés. (XII/1941-XI/1942)
Desde fines del siglo XIX, el Japón había iniciado una política de expansión imperialista, a costa de China y de Rusia. Pronto entra en rivalidad con los Estados Unidos, que ocupan las Filipinas y están interesados en China. La tensión se acentúa. En diciembre de 1941, y a pesar de estar celebrando conversaciones de paz, el Japón bombardea por sorpresa las posiciones norteamericanas en el Pacífico. La guerra se hace mundial: Estados Unidos la declara al Japón, y Alemania e Italia a su vez lo hacen a aquéllos. Estados Unidos organiza rápida­mente una gran producción bélica y pone en pie un numeroso ejército.
Las tropas japonesas avanzan rápidamente, ocupan toda la zona costera de China, las Filipinas, Indonesia, y llegan a amenazar a la India. Aprovechan hábilmente los sentimientos antiimperialistas de los pueblos de la región, bajo el lema de "Asia para los asiáticos". Algunos de los partidarios de la independencia de éstos aprovechan la política japonesa para avanzar hacia la realización de sus fines y otros, sobre todo los que quieren combinar la independencia nacional con la revo­lución social, organizan movimientos guerrilleros. Ambos elementos confluirán, después de la guerra, en la lucha por la independencia nacional de la mayoría de estos países, pero también entrarán en pugna entre sí, debido a sus finalidades conservadoras en un caso, y revolucionarias en el otro.

Alemania en Europa, y el Japón en Asia, organizan la economía y la política de las zonas que dominan, en su beneficio, con el apoyo de los "colaboracionistas", provenientes generalmente de los grupos más conservadores, o de dirigentes políticos oportunistas. Destacan entre ellos Quisling, en Noruega, y Pétain, en Francia. Los alemanes llevan gran número de trabajadores forzados a su país; para afianzar su régimen, establecen campos de concentración en toda la Europa ocupada. Sobre todo, hacen sufrir sus atrocidades a los judíos, que quedan casi exterminados en las regiones ocupadas (en Polonia son asesinados aproximadamente cinco millones de hebreos). En general, la "moral de señores" de los nazis se manifiesta frecuentemente en maltratos atroces no justificados por necesidades bélicas, contra los pueblos ocupados, principalmente en los países de Europa Oriental.
Se incrementan las luchas en el norte de África. Los aliados efec­túan un desembarco en la parte occidental de la zona; después de una guerra de movimientos, realizada en el desierto, logran expulsar a las tropas del Eje del continente africano, en la primavera de 1943.

Cuarta fase. El viraje: Stalingrado. (xi 1942-vi 1944)
En 1942, con retraso debido a la contraofensiva soviética de invier­no, los alemanes se lanzan contra Stalingrado (hoy Volgogrado), con el fin de cortar los abastecimientos que recibe la Rusia central. En una larga y tenaz batalla, el Ejército Rojo logra detener a los ale­manes en dicha ciudad, cercarlos y obligarlos a capitular. La batalla de Stalingrado es la decisiva de la Segunda Guerra Mundial; Alema­nia pierde allí más de medio millón de sus mejores soldados, y nunca se repone de la derrota que sufre.
Durante 1943, los soviéticos logran liberar gran parte de su país, y siguen debilitando al ejército alemán. A mediados de 1944, su con­traofensiva rebasa las fronteras de la U.R.S.S.; los alemanes son expulsados de parte de Polonia y de Rumania.
Los aliados occidentales desembarcan en Sicilia y, posteriormente, en el sur de la península itálica. La resistencia es débil. Mussolini es destituido (julio de 1943); Italia firma un armisticio y, después de varios meses, declara la guerra a Alemania. En el norte del país, ocupado por ésta, se proclama la "República Social" (fascista), que sigue aliada a los germanos; hay ahí un fuerte movimiento guerrillero, nacionalista y de transformación social.

La resistencia de los pueblos europeos se acentúa. Se multiplican los grupos guerrilleros, sobre todo en Yugoslavia (que es liberada casi totalmente por ellos), en Grecia, en la Unión Soviética, y en Francia. Lo mismo sucede en Indochina y en Indonesia. Se trata de grupos de fuerte arraigo popular, compuestos de personas de distintas ideologías, entre las que destacan los revolucionarios. En China, el Ejército Po­pular de Liberación, dirigido por los comunistas, realiza una extensa actividad guerrillera, y logra arrebatar a los japoneses territorios po­blados por más de 90 millones de personas.
En todo el mundo se fortalece la unidad de las fuerzas antifascistas.
A fines de 1943 se reúnen en Teherán los "Tres Grandes", Churchill, Stalin y Roosevelt, para coordinar la política de sus países.

Quinta fase. La derrota de Alemania. (vt/1944-v/1945)
Desde los días críticos de la guerra en 1942, los soviéticos habían exigido que los aliados occidentales abrieran un frente contra los ale­manes en el oeste de Europa; es hasta junio de 1944 cuando los ingleses, los norteamericanos y los franceses combatientes abren este "Segundo Frente", con un desembarco en Francia, apoyado fuertemente por la resistencia antigermana en el propio país. Hay combates importantes, pero las batallas principales siguen dándose en el Este. Hacia fines de 1944, los aliados occidentales se encuentran cerca de la frontera alemana; los soviéticos avanzan por Polonia y Hungría; Grecia se libera, fundamentalmente por su movimiento de resistencia; desem­barcan ahí tropas inglesas, que evitan una revolución popular. En diciembre, los alemanes lanzan una ofensiva en el Oeste, para lograr un armisticio ventajoso, pero fracasan.

Del 4 al 12 de febrero de 1945 se reúnen en Yalta, Unión Soviética, los jefes de los tres aliados principales. Entre sus acuerdos destaca la intención de mantener unida a Alemania, erradicar de ella al nazismo y a sus autores intelectuales y económicos; el país sería administrado temporalmente por Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética, en zonas que se delimitan. También se acuerda que la Unión Sovié­tica participará en la guerra contra Japón, a los tres meses del cese de las hostilidades en Europa.
Prosigue el avance aliado; rusos y norteamericanos se encuentran en el Elba. En los últimos días de abril penetran los soviéticos en Berlín, que cae el 2 de mayo. Hitler y algunos de sus allegados más cercanos se suicidan pocos días antes. El ocho de mayo se rinden los restos del ejército alemán, con excepción del destacado en Checoslo­vaquia, que lo hace el nueve. Cesa así la lucha armada en Europa.

En julio y agosto de 1945, en la ciudad alemana de Potsdam, tiene lugar la última reunión de los "Tres Grandes" (Truman sustituye al fallecido Roosevelt; Churchill es desplazado por Attlee, debido al re­resultado de las elecciones en Inglaterra; Stalin sigue encabezando a la Unión Soviética). Se confirman y precisan los acuerdos de Yalta (Francia participará en la ocupación de Alemania), y se acuerdan en parte las fronteras de Polonia.

Sexta fase. El fin de la guerra, (v-rx/1945)
Los norteamericanos y sus aliados habían comenzado a recuperar las islas ocupadas por los japoneses. En agosto de 1945, aplicando lo acordado, la Unión Soviética declara la guerra al Japón y destruye en pocas semanas el principal ejército terrestre de esta potencia, que ocupaba Manchuria. El 6 de agosto, los Estados Unidos lanzan la pri­mera bomba atómica y pocos días después la segunda, sobre las ciuda­des de Hiroshima y Nagasaki. Mueren más de 300 000 personas, y muchas otras quedan afectadas seriamente. Todavía décadas después se presentan casos de personas que sufren graves consecuencias y hasta la muerte a causa de la radiación atómica.
Indonesia y Vietnam, ocupadas por Japón, proclaman su indepen­dencia, que tendrán que defender después contra sus antiguos coloni­zadores holandeses y franceses.
Ante la destrucción de sus principales fuerzas y la amenaza de la nueva arma nuclear, el Japón firma su rendición incondicional, y es ocupado por los Estados Unidos. Las hostilidades terminan el 2 de septiembre de 1945.

Características generales de esta guerra
La Segunda Guerra Mundial abarca a todo el globo. La mayoría de los países tomó parte del lado de uno u otro bloque de potencias. Toda la América Latina, con excepción de Argentina que se mantuvo neutral hasta los últimos días en que se alió al bloque antifascista, estuvo de parte de las potencias aliadas. España ayudó al Eje. Las grandes potencias hicieron numerosas promesas de independencia a las colonias, para obtener el apoyo activo de los pueblos de éstas.
Tienen importancia decisiva en esta guerra los medios altamente mecanizados. La aviación logra un desarrollo tremendo, en tierra se emplean en gran escala los tanques, y los ejércitos se desplazan rápida­mente en vehículos motorizados. En el mar tiene lugar una feroz guerra submarina y el bloqueo contra la Europa continental. Destacan el invento del radar y de los cohetes.
No hay ya una división tajante entre los combatientes y la pobla­ción civil. La movilización total, impuesta por las necesidades indus­triales de la guerra, abarca a todos los pueblos en lucha. A su vez, los bombardeos afectan profundamente a las industrias situadas en la retaguardia de los países en conflicto. Cobra importancia extraordina­ria la guerra psicológica. Hay una profunda activación política de amplias masas populares en todo el mundo, que se expresa en la exi­gencia de castigar a los criminales de guerra, en el deseo de destruir las condiciones que habían hecho posible al nazismo y su política expansionista y, en el caso de las colonias, en su mayor lucha por su independencia.
Al terminar el conflicto, y de acuerdo con lo previamente estable­cido y anunciado, se celebraron juicios internacionales contra los prin­cipales criminales de guerra. Algunos de éstos fueron condenados a muerte, otros a determinadas penas, y en su mayoría fueron indultados posteriormente.
El número de muertos causados por la Segunda Guerra Mundial fue de aproximadamente 40 millones, además de una cantidad todavía mayor de heridos. Las pérdidas materiales fueron realmente incon­mensurables.

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