lunes, 30 de marzo de 2020

LA CONQUISTA DE COLOMBIA


La Conquista del actual territorio colombiano
      A partir de 1499 y durante casi diez años, la costa Atlántica de la actual Colombia fue explorada por pequeñas expediciones con el fin de comerciar con los indios, buscar perlas y oro, y capturar nativos para llevarlos como esclavos a las islas del Caribe. El primero en tocar costas colombianas fue Alonso de Ojeda, en 1499. En su expedición venían los geógrafos Américo Vespucio y Juan de la Cosa.
    Juan de la Cosa hizo el primer mapa de las costas de la actual Colombia.
    Un año más tarde llegó a ese mismo sitio Rodrigo de Bastidas. En el recorrido que inició a partir de la Guajira,
descubrió la desembocadura de un gran río, que llamó el río Grande de la Magdalena.
    A lo largo de ese recorrido, Bastidas se encontró con tribus caribes, taironas y zenúes.
    Al comienzo, los indígenas recibían con curiosidad a los recién llegados, y les cambiaban perlas y objetos de oro por tijeritas, espejos, y otros productos llamativos de España. Pero, en muchos casos, los españoles capturaban indios para llevárselos como esclavos, y los obligaban con violencia a darles el oro. Se volvió costumbre apresar al cacique y pedir un rescate equivalente a su peso en oro.

Los primeros enfrentamientos
     La violencia produjo un cambio en la forma de relación entre indios y españoles. Los indígenas empezaron a recibir a los españoles usando sus armas, especialmente arcos y flechas envenenadas.
    La guerra que hicieron los indígenas a los españoles dejó a éstos desamparados en tierras desconocidas que no sabían aprovechar. Así, hubo momentos de tanta hambre y desesperación que, en uno de estos casos, los españoles “mataron un indio que tomaron y asaron la asadura y la comieron, y pusieron a cocer mucha parte del indio en una grande olla para llevar que comer en el batel”, según escribió Gonzalo Fernández de Oviedo, un cronista español que vivió en la región unos diez años después. Según el mismo Oviedo, estos exploradores tenían la intención, no de “servir a Dios ni al Rey, como de robar”.

La fundación de las primeras ciudades
     Por los viajes anteriores los españoles tenían una buena idea de cómo era la costa Atlántica de Colombia, pero poco sabían de lo que había más adentro. Pensaban que debía haber minas de oro y de esmeraldas, porque los indios de la costa tenían objetos de estos materiales, y no tenían minas cerca. De modo que decidieron establecerse en la región, para explorarla mejor y buscar sus riquezas.
     Mediante convenios entre el Rey y los jefes de las expediciones, se les daba a estos últimos el gobierno de los territorios que conquistaran, los cuales conformaban las gobernaciones. El gobernador era el jefe militar, el jefe de la administración y el principal juez. Además, repartía entre los demás expedicionarios, según su rango, lotes para que hicieran sus casas y tierras para que establecieran haciendas para su ganado. Como parte de la repartición, los expedicionarios recibían indios a quienes obligaban a entregarles oro y alimentos, y a trabajar para ellos. En 1508, el rey Fernando le dio el título de gobernadores a dos españoles, y les fijó sus zonas de gobierno: Diego de Nicuesa fue hecho gobernador de la región de Urabá y el Darién, y Alonso de Ojeda de la zona entre Urabá y la Guajira. Mediante una capitulación, el Rey autorizó a Nicuesa y a Ojeda a conquistar sus regiones, a establecer ciudades, a quedarse con parte del oro y otras riquezas que obtuvieran, y a gobernar las zonas que conquistaran.

San Sebastián de Urabá y Santa María la Antigua del Darién
     Ojeda hizo una expedición en la que llegó hasta Urabá. Allí fundó la primera ciudad establecida por los españoles en tierra firme del continente americano:
     San Sebastián de Urabá. La vida en esta ciudad no fue fácil para los españoles y sufrieron muchos ataques de los indios. Al cabo de un tiempo, los españoles decidieron pasarse al otro lado del golfo. Allí fundaron, en 1510, Santa María la Antigua del Darién, en el lugar donde estaba localizado el pueblo indígena de Darién. Este sitio era mejor que San Sebastián de Urabá: tenía agua dulce, los indios no usaban flechas ni venenos y cultivaban maíz y yuca. 
     Las relaciones con los indios en esta ciudad fueron pacíficas gracias a que Vasco Núñez de Balboa se hizo amigo de los caciques y de sus hijas, y prohibió que los españoles esclavizaran a los indios. De esta manera, logró que le dieran alimentos, y le ayudaran. Además, hizo que los españoles sembraran maíz y yuca, y criaran un animal que habían traído de España: el cerdo.
     Sobre este pueblo escribió un autor anónimo de la época: “Bien aderezado, más de doscientos bohíos hechos, la gente alegre y contenta, cada fiesta juegan cañas... Tenían muy bien sembradas todas las tierras con maíz y yuca, puercos hartos para comer, todos los caciques en paz”.

Las disputas entre españoles
      Balboa había asumido el gobierno de Santa María la Antigua del Darién apoyado en una rebelión en contra de Martín Fernández de Enciso. Cuando éste llegó a España, se quejó ante el Rey por el tratamiento que le había dado Núñez de Balboa. Pero, además, le dijo que había escuchado algo acerca de un “reino dorado”. El rey destituyó a Núñez de Balboa y nombró en su lugar a Pedro Arias de Dávila (también conocido como Pedrarias Dávila) que partió al mando de una gigantesca expedición compuesta por 1.500 hombres, entre quienes se encontraba Fernández de Enciso.
     Una vez en América, Pedrarias se convirtió en uno de los más crueles conquistadores causando la muerte de miles de indios. Núñez de Balboa le escribió al Rey para pedirle que pusiera fin al exterminio causado por
Pedrarias.
     Cuando Núñez de Balboa estaba a punto de partir rumbo al sur, Pedrarias lo mandó a llamar por medio de un amistoso mensaje. Engañado, Núñez de Balboa se dirigió hacia Acla, donde estaba Pedrarias. Al llegar fue hecho prisionero por Francisco Pizarro.
     Finalmente, Pedrarias consiguió que una Corte condenara a muerte a Vasco Núñez de Balboa, a quien acusó de maltratar a la tropa y de asesinato. Balboa murió decapitado en Acla, en 1517. En 1519, después de muchos padecimientos causados por el enfrentamiento con los indios, el hambre, la sed y las enfermedades, Pedrarias decidió trasladarse al otro lado del istmo y fundó la ciudad de Panamá. Cinco años después, Santa María la Antigua fue abandonada del todo.
     El desorden, la anarquía y el desenfreno reinaban en todo el territorio costero. A España llegaban las noticias de la desobediencia de los conquistadores y del desorden en estas tierras. Esto preocupó al Rey y a la Reina. Para tener un mayor control, la Corona estableció en España el Consejo de Indias para dirigir todos los asuntos relacionados con el nuevo continente. En adelante, este Consejo fue el que dictó leyes e impartió órdenes.

La fundación de Santa Marta y Cartagena
     Fracasada la conquista del Darién y Urabá, los españoles se dedicaron a otras zonas del Caribe. Rodrigo de Bastidas firmó una capitulación para crear la gobernación de Santa Marta, y fundó la ciudad en 1526. Bastidas trató de mantener buenas relaciones con los indios, y quiso limitar los maltratos a que eran sometidos. Por ello, otros españoles, que querían apoderarse rápidamente de las riquezas que encontraban, se sublevaron. Lo atacaron y acuchillaron, diciendo; “No hemos de morir aquí como esclavos”. Bastidas tuvo que irse a Cuba, donde murió.
     Los siguientes gobernadores de Santa Marta dejaron el camino libre para que sus ambiciosos habitantes hicieran desordenadas incursiones al interior del territorio para capturar indígenas y buscar riquezas. Por esta razón, vivieron en un ambiente de guerra con los indios, algunos de los cuales se fueron refugiando en las partes montañosas de la Sierra Nevada. Otros se sometieron y comenzaron a trabajar para los españoles, a aprender el castellano y a convertirse al cristianismo. Pronto el Rey nombró un obispo, y como comenzaba a preocuparse por la disminución de los indios, le ordenó que los defendiera, dándole el título de Protector de Indios.

Cartagena, “Puerta de oro de las Indias”
     El 20 de enero de 1533, Pedro de Heredia fundó San Sebastián de Calamar, la actual Cartagena de Indias. La zona era desolada y arenosa, sin agua dulce y fácilmente inundable por el mar. Pero era un lugar estratégico para un puerto.
     Heredia trató a los indios con astucia: se hacía amigo de los que le colaboraban y mataba y destruía los poblados de quienes no le entregaban el oro y sus mujeres. En las cercanías de la ciudad, Heredia encontró mucho oro porque los zenúes acostumbraban enterrar a sus parientes con piezas de oro y piedras preciosas. Las tumbas las hacían en forma de montículos de tierra que se veían fácilmente desde lejos.
Los indios zenúes eran grandes guerreros que respondieron con fiereza al saqueo de sus tumbas y a la destrucción de su mundo. Atacaron constantemente la población fundada, pero finalmente sucumbieron ante el poderío de los españoles.
     La gran cantidad de riquezas encontradas atrajo a comerciantes y aventureros en busca de fortuna. La ciudad, ubicada en un puerto natural excelente, se convirtió en sitio de comercio: allí llegaban los barcos con provisiones, herramientas, caballos y cerdos, vestidos, armas, y todo lo que necesitaban los conquistadores. Éstos pagaban a los comerciantes con el oro que habían conseguido con los indios. De este modo, el oro se iba a España y luego a otros sitios de Europa.
    Una segunda fase de la conquista de América y de las tierras que hoy son Colombia, se inició con el descubrimiento del océano Pacífico.

Al sur, más al sur
     El primer conquistador que recorrió las costas del Pacífico y penetró tierra adentro fue Pascual de Andagoya. En 1522 llegó al río Baudó, en la provincia que los indígenas llamaban Birú (actual Chocó).
     Los siguientes viajes los realizó Francisco Pizarro. Pero Pizarro había oído las noticias de un poderoso y rico imperio indígena que dominaba vastos territorios al sur y prefirió seguir en busca de éstos. Al poco tiempo encontró el imperio de los Incas.
     Diez años habían pasado desde la primera vez que Andagoya penetró en tierra colombiana. Pero hasta entonces la conquista de nuestra costa pacífica se había limitado al litoral. Las cosas cambiaron a partir de 1532. Los españoles empezaron a oír sobre la fabulosa historia de un poderoso cacique indígena que vivía tierras adentro, al que le embadurnaban su cuerpo desnudo con resinas vegetales y le pegaban oro en polvo. Lo montaban en una balsa y después de algunos ritos, el cacique se zambullía en la mitad de una laguna.
    Este fabuloso rito fue exagerado por la desbordante imaginación de los españoles. Se creó toda una leyenda sobre este misterioso y atractivo personaje a quien llamaron El Dorado. La leyenda tomó más fuerza cuando se supo que otros españoles habían encontrado grandes riquezas en las tierras de los Incas.
    Se multiplicaron las expediciones para llegar a las tierras del interior, donde habitaba el cacique Dorado.
    Pizarro, como gobernador del Perú, y Andagoya, como gobernador de la provincia de San Juan, se disputaron la conquista de la región occidental de lo que hoy es Colombia. Más tarde se unió a la disputa Pedro de Heredia, gobernador de la provincia de Cartagena.

Las primeras fundaciones en el Occidente colombiano
      Un lugarteniente de Pizarro, Sebastián de Benalcázar, entró por Quito al valle de Pasto. Durante su expedición fundó las ciudades de Pasto, Popayán, Timaná y Cali. Otro hombre del ejército de Pizarro, llamado Jorge Robledo, recorrió el mismo camino de Benalcázar, y luego se internó hacia el noroccidente, por la tierra de los quimbaya, hasta subir por el valle de Aburrá. En esta expedición, Robledo y sus hombres fundaron Cartago, Anserma y Santafé de Antioquia.

¿Quiénes vivían en estas tierras?
      La costa Pacífica y las tierras cercanas de la actual Colombia, al igual que otras regiones, estaban densamente pobladas por diversos grupos indígenas. Por escritos de algunos conquistadores y cronistas de la época, que aún se conservan, podemos saber cómo era la región y algunos aspectos de la vida de los pueblos de los indios. Tenían extensos sembrados de maíz, con el cual hacían una especie de pan, chicha, aceite y vinagre. También cultivaban papa, yuca, auyama y fríjoles. Abundaban las frutas como el melón, el aguacate, las guamas y muchas otras más. Combinaban estos alimentos con animales de caza: codornices, conejos, pavos, tórtolas, venados, puercos monteses, dantas y armadillos. Los peces menudos nunca faltaban.

La conquista del centro de Colombia
     El licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada llegó a Santa Marta en 1535. Venía de España huyendo de la cárcel, acosado por las deudas. Jiménez de Quesada fue nombrado teniente por el gobernador de Santa Marta y recibió la orden de subir por el río de la Magdalena con el fin de hallar el camino hacia el Perú. Formó un ejército de seiscientos hombres de infantería y más de cien hombres a caballo. Llegaron hasta el valle del río Cesar. Siguieron su curso hasta su desembocadura en el río de la Magdalena y marchando por la orilla arribaron
a Tamalameque. De Santa Marta también salieron unos barcos que debían encontrarse río arriba con el ejército de tierra. Estos barcos nunca llegaron, pues habían naufragado.
     Al ver que los barcos no llegaban, Jiménez y sus hombres decidieron no esperar más y continuar el viaje. El trayecto fue terrible: los atacaban indígenas, caían enfermos, víctimas de las plagas y padecían hambre.
     Otros barcos enviados desde Santa Marta trajeron refuerzos y alimentos para continuar el viaje. Con estos barcos, el viaje río arriba fue menos duro y fácilmente llegaron a Tora, en Barrancas Bermejas, cerca de la desembocadura del río Opón. La corriente era tan fuerte que, temiendo un nuevo naufragio, decidieron dejar los barcos allí y seguir por tierra.

Remontando la cordillera
     En las Barrancas Bermejas, Jiménez de Quesada encontró a unos indígenas que transportaban sal en bloques, esmeraldas, oro y mantas de algodón de fina hechura. De ellos escuchó que en la cordillera había una región habitada por unos indígenas llamados “muiscas”. Estas noticias reanimaron a Jiménez de Quesada para subir la cordillera. Casi un año después de haber iniciado el viaje desde Santa Marta, quedaban menos de doscientos hombres. Cansados, en pésimas condiciones y descamisados llegaron a Moniquirá, donde ocurrió el primer encuentro entre españoles y muiscas.

Un altiplano tranquilo
    Avanzaron por sabanas de abundante vegetación, bordeando ríos mansos y cristalinos. Después de subir tanto monte, llegar al altiplano, fresco y de fácil caminar, fue un descanso. Atravesaron bosques de robles en los que anidaban multitud de pájaros cantores. Pasaron por lagunas y ríos en donde abundaban los peces. Esta tierra, libre de plagas y animales peligrosos, les pareció el paraíso. Habitaban estas tierras los indígenas muiscas, gente amable y pacífica. Eran hombres de fuerte musculatura, de mediana estatura, piel cobriza, pelo negro y liso que les llegaba hasta los hombros. Vestían túnicas y mantas de finas telas de algodón, decoradas con figuras geométricas y variados colores. Los nobles se adornaban con pectorales, narigueras y brazaletes hechos de oro y piedras preciosas. Algunos llevaban en su cabeza diademas de oro adornadas con plumas de vistosos colores.

La región estaba densamente poblada.
     Sus casas eran redondas con techos de paja. En las puertas y ventanas colgaban laminillas de oro, que producían un agradable sonido cuando el viento las movía, y resplandecían con el sol. Era un pueblo muy religioso y tenían muchos templos. Los bosques y las lagunas eran sitios sagrados en donde hacían ceremonias religiosas. Cerca de sus viviendas, los muiscas tenían cultivos de maíz y papa.

Entrada a la sabana
     Después de pasar por los “pueblos de la sal”, Tausa, Nemocón y Zipaquirá, el ejército español, reducido a 170 hombres, se asentó en Suba, sede del Zipa Tisquesusa.
     Este cacique trató de defender su territorio de la invasión española, enfrentándose a los invasores en una lucha desigual. Tal vez fue el único intento de los muiscas por pelear. El ejército español mató al Zipa y a varios de sus fieles hombres.
     Jiménez de Quesada se ubicó en ese sitio, al que llamó “valle de Los Alcázares” porque le recordaba un paisaje de su Granada natal. Tenía abundante agua, leña y animales de caza. La supervivencia de la tropa estaba por fin asegurada.

En busca de “El Dorado”
     Jiménez de Quesada envió a algunos de sus hombres para que fueran hasta el valle de Hunza, la actual Tunja. En ese lugar encontraron y despojaron al Zaque Quemuenchatocha de una incontable cantidad de oro y esmeraldas.
     Continuaron explorando el valle hasta llegar a Suamox, la actual Sogamoso. En ese lugar hallaron el gran templo del Sol, el más importante centro religioso muisca.

Primer asentamiento en la sabana
     Quesada trasladó su tropa cerca a Teusaquillo, caserío indígena, desde donde se podía ver el “valle de Los Alcázares”. Mandó construir doce chozas y una iglesia de techo pajizo, y tomó posesión oficial de esta región muisca el 6 de agosto de 1538, en nombre del rey de España Carlos V. La llamó: “Nuevo Reino de Granada”. En ese momento no hubo fundación de la ciudad, porque Jiménez de Quesada aún no tenía el permiso de su gobernador para hacerlo.

Llegan más conquistadores
     Poco tiempo después llegaron a la Nueva Granada otros dos conquistadores: el alemán Nicolás de Federmán, quien entró por los Llanos Orientales y Sebastián de Benalcázar, por el suroccidente.
Tanto Jiménez de Quesada, como Benalcázar y Federmán se sentían con derecho sobre las tierras recién descubiertas y se pusieron de acuerdo para viajar más tarde a España para arreglar el conflicto.
Fundación de Santa Fe
     Con la ayuda de Benalcázar, Quesada procedió a fundar la ciudad de Santa Fe. Trazaron las calles en forma de cuadrícula: de norte a sur y de este a oeste, en ángulo recto. Señalaron el lugar de la plaza mayor y en su mejor sitio, la esquina nororiental, debía ser construida la iglesia. Se demarcó el solar para la sede del gobierno y el cabildo, y se repartieron los otros solares entre los tenientes y soldados de acuerdo con su rango.
    Fueron nombrados regidores, alcaldes, alguaciles, escribanos y jefe militar. Y así, en una sencilla ceremonia, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la ciudad de Santa Fe, capital del Nuevo Reino de Granada, el día 27 de abril de 1539, quedando bajo el mandato de la gobernación de Santa Marta. No quedó acta de la fundación. Lo que sabemos se debe a un escrito del capitán Honorato Vicente Bernal, acompañante de Federman y testigo presencial del acontecimiento.

BIBLIOGRAFÍA
Díaz Granados, Consuelo y Salgado, Mariela (1984). Conozcamos nuestra historia 7. Editorial Pime, Bogotá.
Borja, Jaime (1995). Procesos sociales 7. Editorial Santillana. Bogotá
Guerrero, Manuel; Hernández, Nancy y Rivera, José (2012). Nuevos Horizontes Sociales 7. Editorial educativa – Fondo Educativo Panamericano. Bogotá

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